lunes, 1 de octubre de 2012

No te nada.

Porque el exceso de tristeza mata también a la poesía
y solo deja el recurso de encontrar belleza en la propia muerte,
no has de llamarte nunca Anna.

Y yo lo sé,
que no me llamo Anna,
pero que la he visto
romperse
como se rompe una carta de amor
- como se rasga, mejor dicho,
con el sonido ese de chasquido de dedos finos -
por cualquiera de sus ejes.


No dejes nunca que nadie te llame Anna,
a no ser que hayas sido Anna desde siempre.
Entonces, espera el momento:
día frío, velocidad moderada,
el humo que se aleja o que se acerca
y salta.

4 comentarios:

  1. ¿qué haríamos pregunto,
    sin esta enorme oscuridad
    y sin la brillante indiferencia de los astros?

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  2. "No dejes nunca que nadie te llame Anna,
    a no ser que hayas sido Anna desde siempre."

    notable!

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