jueves, 22 de noviembre de 2012

Una vez es mucho tiempo.

No duermo, Irene,
porque pienso que hace mucho que no pienso
en ti.

Supongo que seguirás como la última vez,
con el pelo cada vez más largo
y las manos cada vez más bonitas.

Supongo que escribirás ahora mientras yo te escribo,
que volveré al Corte Inglés a comprar libros en los que nunca aparezco
pero en los que quizá llamaste a alguien con mi nombre.
Casualidad, ya sabes.

Supongo también las cosas que no recuerdo:
un guiño de ojos,
barro en los pantalones,
sangre en los tobillos,
chicos llorando.

Y la imagen,
que invento ahora por primera vez,
de tú de niña subida en un árbol,
con el cuerpo estrecho y arañado por las ramas.
Tienes,
el flequillo demasiado largo
y los brazos demasiado flacos.

Eres tú.
Me llamas,
dices mi nombre,
gritas.

Y yo te contesto:
Sigo aquí.
Soy yo.
Soy como siempre.







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