miércoles, 1 de octubre de 2014

Casas viejas con almas viejas.

Hemos cerrado la casa del pueblo.
Hemos puesto una tabla en la puerta.
Así no entra el viento y el agua,
dice mamá.
Así no se estropea la madera,
dice el abuelo.
Así no nos roban los vecinos,
dice mi hermana.

Hemos cerrado la casa del pueblo.
Hemos bajado las persianas,
apagado las luces,
vaciado la despensa,
recogido las sillas de la huerta.

Habrá que volver a los Santos.
Pero no bajaremos hasta la casa,
dice mamá.
Solo iremos al cementerio,
dice el abuelo.
Como todos los años,
dice mi hermana.

Y yo digo
pobre casa,
todo el otoño sola,
todo el invierno sola,
toda la primavera sola.



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