lunes, 14 de enero de 2013

Tú eres nosotros.

Amor mío, y algo más, que me duelen en la garganta esas palabras que no existen, que me escuece el silencio forzado, preferir eso a no decirlo todo, el quemazón, la impotencia...
o la imposibilidad.

La imposibilidad de tu hombro que apenas se ve, pero que es cierto y existe aquí y ahora a través del calor y del tacto suave, las parcelas de la epidermis acaso con nombre sin yo saberlo. Tu hombro, que es una duna, y la noche que cae sobre el desierto. Y tus párpados que caen sobre tus ojos y los ocultan. Y yo me he de conformar con recordarlos.

Y me gusta recordarte si es porque duermes y no porque te has ido.  Regocijarme pensando que me sueñas aunque no tengas que soñarme, porque estoy acá, donde te acabas. Marco tus límites, te perfilo sobre las sábanas, me contagio de tus exhalaciones, te respiro, te amo...

jueves, 27 de diciembre de 2012

Ele.




cierro los ojos

pienso
en cuando me acaricias el pelo
como quien acaricia el ala rota de un pájaro

siento tu mano moviéndose
los dedos suaves y torpes
el calor de la piel
las uñas irregulares en mi frente

lloro
sigues acariciándome
me muero

me muero así
del único modo en que me gustaría morirme:
contigo cerca
con la paz
de tu corazón en mi oído

ahora todo está bien
¿no ves?

yo ya sabía que te querría siempre








lunes, 10 de diciembre de 2012

10.

hay que ser muy tonta
para alejarse de determinados sitios
y de determinadas risas

para elegir
la tristeza de las almohadas
los ojos que se consumen en la noche
la lluvia que no cae del cielo


viernes, 23 de noviembre de 2012

Eres mi ser.

a veces quiero 
destrozarme
arrancarme el pelo
golpearme con las paredes
hacerme sangre
romperme las uñas
amoratarme la piel
gritar muy fuerte
...

para que venga él
 me pare
me agarre los brazos las manos
me bese la boca
me cante canciones de amor
me peine 
se meta conmigo en la cama
me duerma 
ponga flores en mis ojos
me llore 
me hable de caballos









martes, 6 de noviembre de 2012

L.II.


A veces me olvido de las cosas que no son él,
de la poesía,
de las mujeres que aparecen desnudas en los cuadros,
de los coches nuevos,
o de los cuadernillos con hojas amarillas
y cubiertas negras.

A veces me equivoco y llamo
a todo el mundo con su nombre.
Todo se convierte en él.
Por ejemplo aquí,
Manhattan,
es un lunar bajo su ojo.
Argentina se escurre entre sus dedos.
Hay playas griegas en su espalda.

Creo que a mí me esconde
cerca de donde respira.