lunes, 28 de mayo de 2018

El amor es sencillo a veces.

El amor es sencillo a veces. 

Algo tan sencillo como ponerse de puntillas para alcanzar una manzana, 
mirar el patio de una casa por encima de un muro, 
dar un beso, hacer menos 
ruido 
al caminar.

El amor es preguntar 
¿vienes conmigo hasta la boya amarilla?, 
apuntar con un dedo el horizonte 
y no tener que nadar en soledad nunca más. 

El amor es no querer que te quemes, 
quitarte polen de gramínea del pelo, 
preguntar 
con suavidad
si tienes frío.

El amor puede ser estar mucho rato bajo el sol con los ojos cerrados 
y ser tan feliz que consigues no pensar en la muerte. 

El amor puede ser también
oír una bicicleta que frena delante de tu puerta.
Pelar pipas en un banco, señalar 
una trucha que salta a lo lejos
o un meteoro 
que cae. 
Escuchar una canción que no te gusta 
y aún así pensar 
la vida es buena. 

El amor podríamos ser fácilmente nosotros dos 
pegándonos porque nos parece divertido,
manchándonos porque nos parece divertido,
despidiéndonos porque despedirse
es siempre divertido. 


El amor es apartar 
un cigarrillo de tu boca. 
El amor es acariciar 
los dos al mismo perro.
El amor es echar una carrera,
llorar de risa, dar una patada
por debajo de la mesa,
no avergonzarme,
ante ti,
de mi ropa vieja. 

domingo, 11 de marzo de 2018

Para ti deseo los bosques más hermosos

Para ti deseo los bosques más hermosos
y, sin embargo, no puedo.
No puedo abrir mis manos ante ti,
ofrecértelas repletas de árboles.

Como no puedo tampoco invitarte
a cruzar esta puerta,
a dormir en mi cama,
a comer este pan.
Desde mi casa no se ven las montañas.
No tengo casa.

Deseo que no tengas que vivir nunca en una ciudad grande.
Y, sin embargo, no podría.
No podría sacarte de allí tan solo con mi voluntad.
No podría derrumbar los edificios
con mi mente. 
No podría siquiera llorar tan fuerte
que el agua los arrastrara.

Pero y si en cambio
tú vienes
y llenas mis manos de semillas.
Y me dices
come de este pan,
recorre este sendero que va hasta las montañas,
construyamos
esta casa
en este valle.
Entonces para ti ya solo deseo mi deseo
y, esta vez, sí puedo.
Sí puedo abrir mi cuerpo ante ti
ofrecértelo repleto de vida.

jueves, 13 de abril de 2017

Hueles a campo

Hueles a campo
dijiste 
y con miedo pregunté 
¿y oler a campo es bueno o malo? 

¿pensaste en el estiércol o en las flores cuando me tocaste? 
¿te pareció mi piel la dura piel de una vaca? 
¿olía mi pelo a lluvia? ¿estaba oscuro y mojado como tierra oscura y mojada? 
¿había arena bajo mis uñas? 
¿te ortigué la mano sin pretenderlo? ¿fue mi caricia áspera? 
¿era acaso mi cuerpo frío y escurridizo como las algas del río? 
¿olía a rana o a hierbabuena? ¿a vertedero o a menta? 
¿parecía que tuviera la boca llena de peces o de lana? 
¿pensaste en mí como campo en verano o campo en invierno? 
¿te parecieron mis ojos verdes, blancos o amarillos? ¿estaban secos o parecía que lloraban? 
¿encontraste pajas en mi ropa de haberme revolcado por el suelo?
¿te diste cuenta de que ser campo me gustaba?

domingo, 12 de febrero de 2017

Nogal

Mientras el nogal se partía
me hubiera gustado tenerte a mi lado.

Mientras las ramas caían unas sobre otras
y se amontonaban en la tierra,
mientras la lluvia caía con insistencia
y empapaba el pelo de mi abuelo
y los huesos de mi madre,
mientras mi hermana lloraba dentro de la casa
y todo crujía y hacía frío.

Mientras tú no estabas ahí
y las cosas pasaban rápidamente,
yo pensaba lentamente en toda la gente 
que, a la sombra del árbol, 
se había quedado alguna vez dormida.

Mientras no me quedaba de otra,
yo pensaba con tristeza en toda la gente 
que, como yo,
había encontrado un hueco entre las hojas, 
un resquicio azul,
y te había mirado.


sábado, 14 de enero de 2017

Blind eyes could blaze like meteors

Cuando sé que no voy a dormir, extiendo
mi pelo por toda la almohada
como si fuera una corona
o un campo de flores. 

Despacio, pienso insistentemente 
y con estricto orden cuidado
en todas las cosas que hacen que me sienta horrible
y que hacen que me ponga a llorar. 

Llegado el momento,
pongo mis dedos en las pestañas, 
con cariño
reconozco el tacto pegajoso, 
pienso 
qué maravilloso sería tal vez 
si mañana no pudiera abrir los ojos.

Pasear ciega, ignorar 
si te has puesto triste por aquello que hice,
tomarme una tregua contigo
y con el mundo.

Y cuando al final me duermo, 
siempre me pasa 
que confundo
-¿es que acaso no se parecen?-
la dulzura del cansancio
con la dulzura de la muerte.