martes, 27 de septiembre de 2011

Detestas que te hable de relojes y de espejos.
Detestas, por manido,
al tiempo,
a las realidades paralelas,
la carne en estado líquido que se desparrama.
Detestas el amor,
las mariposas a los quince años
aún tiernas.
Detestas la sinonimia voluntaria,
las palabras complejas que se usan por insólitas,
decir ósculo por no decir beso:
eso te enoja.
Detestas, en cierto modo,
lo salvaje:
el olor de la sangre humana,
las cuencas vacías de ojos
o los ojos vacíos de pestañas,
el suicidio colectivo,
la muerte que sublima la ausencia.

10 comentarios:

  1. Perfecto... detestar todo lo que describes con maestría

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  2. Santo Cielo el hombre detestable y detestador.

    Un ósculo.

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  3. sea quién sea esa persona (por cierto cuántas "s" "a" y "e" en un enunciado tan breve) estoy segura de que hay muchos como ella por ahí.
    Volvemos de vaciones, un beso.

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  4. Buenísimo.

    Pd:
    Hablo de la mujer pasada.

    Salud.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Hay gente que no está contenta con nada y aunque lo esté lo disimula sólo por joder. La gente es rara, rara.

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